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Un análisis de las estrategias y consecuencias del terrorismo


International Journal of Cultic Studies Vol. 2, 2011, 44-60.

Un análisis de las estrategias y consecuencias del terrorismo psicológico aplicado por el entramado de ETA

Javier Martin-Peña

Álvaro Rodríguez-Carballeira

Jordi Escartín

Clara Porrúa Omar Saldaña

Ana Varela-Rey

Resumen


La evolución de la violencia del entramado de ETA ha supuesto cambios en la selección de sus víctimas y también en las formas de violencia aplicadas, principalmente en las comunidades de Euskadi y Navarra. Entre sus formas de violencia se hallan las estrategias de acoso y violencia psicológica, las cuales se ven reforzadas por el uso en paralelo de distintos tipos de violencia física. Este fenómeno ha sido poco estudiado a pesar de las importantes repercusiones que ello ha tenido para las víctimas y amenazados por parte de la banda. Así pues, este estudio delimita y analiza (1) las estrategias de violencia psicológica aplicadas por el entramado etarra y (2) las consecuencias de dicha violencia, proponiendo sendas taxonomías de estrategias y consecuencias, respectivamente. Para ello, a partir de la obtención de dos muestras de testimonios de amenazados y víctimas de ETA en Euskadi, se han realizado dos estudios (Estudio 1 y Estudio 2), con sendos análisis de contenido sobre las estrategias de violencia y las consecuencias, respectivamente. Ambas clasificaciones están compuestas por cuatro grandes componentes que abarcan el contexto de la persona, los aspectos emocionales, cognitivos y conductuales. En primer lugar, los resultados muestran una predominancia de las estrategias de tipo emocional. En segundo lugar, las consecuencias señalan al contexto inmediato de la persona como el componente donde la violencia incide de forma más relevante. Los análisis de la fiabilidad intraobservador e interobservadores muestran unos adecuados coeficientes de estabilidad y reproducibilidad. Este estudio muestra que el acoso y la violencia psicológica tienen grandes consecuencias no solo para las víctimas sino también para los familiares, los colectivos amenazados y para el conjunto de la sociedad.

El estudio de las formas de violencia terrorista se ha centrado generalmente en la investigación de la violencia de tipo físico, caracterizada por ataques como atentados con bomba, asesinatos o secuestros. Sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2002), existe un reconocimiento entre investigadores y profesionales de la salud sobre la necesidad de incluir e investigar las formas de violencia que no causan necesariamente heridos o muerte (Krug, Dahlberg y Mercy, 2003), como por ejemplo, las estrategias de violencia psicológica que pueden ser aplicadas por los grupos terroristas o sus entornos, complementando a la violencia física. El estudio de este tipo de violencia, la cual tiene como consecuencia un importante nivel de estrés sobre las personas, las familias, las comunidades y los sistemas de salud, representa un área de investigación que puede proporcionar relevantes beneficios (Krug, Dahlberg, Mercy y Zwi, 2003). En su estudio sobre la amenaza, la protección personal y sus consecuencias, Nijdam, Olff, de Vries, Martens y Gersons (2008), señalan a las amenazas como provocadoras de experiencias traumáticas que son altamente desagradables, pudiendo causar sentimientos de intensa impotencia y afectar a las áreas de la práctica profesional, a la vida privada y familiar, a la salud y a la seguridad. En este sentido, el presente estudio pretende delimitar el acoso y las formas o estrategias de violencia psicológica aplicadas por el entramado de ETA (Euskadi ta Askatusuna) en el contexto de Euskadi, así como las consecuencias psicosociales de dicha violencia. Para alcanzar este objetivo, se proponen sendas taxonomías, una de la violencia psicológica y otra de sus consecuencias psicosociales, las cuales serán validadas mediante un análisis de contenido sobre testimonios de amenazados y víctimas de la citada violencia en Euskadi.

A pesar de las dificultades en la definición de un fenómeno tan complejo como el terrorismo, existe un cierto consenso en algunos aspectos clave; por ejemplo los referidos a la combinación de la violencia y la amenaza aplicada por individuos o grupos, que es utilizada como medio para provocar un proceso de terror, generalmente con fines políticos (Ganor, 2005; Schmid y Jongman, 1988). Así, el uso estratégico del terror es un elemento clave para conseguir los mencionados objetivos (Kruglanski y Fishman, 2006).

Las consecuencias derivadas de la violencia terrorista sobre las víctimas, pueden generar efectos perniciosos para la salud, como trastornos de ansiedad y estrés postraumático (Danieli, Brom y Sills, 2004). Las víctimas suelen compartir características de grupo, tales como la ideología, grupo étnico o religión, lo que suele ser la base para su selección como objetivos. Así se produce en el caso de ETA, que tras una reorientación estratégica en los años noventa, ha venido seleccionado preferentemente como objetivos a los adversarios ideológicos, en función de su afiliación política o profesión (Domínguez, 2003).
El entramado de ETA en Euskadi

ETA está calificada como organización terrorista tanto por la Unión Europea como por los Estados Unidos de América. Este grupo terrorista se encuentra en el ápice de un complejo movimiento o entramado de distintas organizaciones civiles, agrupadas bajo la denominación de Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) y que han venido apoyando en distintos niveles a la banda (Funes, 1998; Mata, 2005; Muro, 2008; Shabad y Llera, 1995). Estos niveles de apoyo han abarcado alguna colaboración en asesinatos, atentados con bomba y secuestros, realizados generalmente por los comandos de ETA; también en la denominada kale borroka (lucha callejera), que ha consistido en agresiones, ataques a propiedades, amenazas y coacciones, disturbios, etc., fundamentalmente realizados por la rama juvenil del MLNV; y también en otras actividades de tipo logístico, político y manifestaciones colectivas de respaldo.

ETA ha cometido 857 asesinatos hasta el año 2009, de los cuales un 67,21% (576 asesinatos) se produjeron en la comunidad de Euskadi (Alonso, Domínguez y García, 2010). Además de los asesinatos y atentados, en Euskadi y también en Navarra se ha venido produciendo una situación especial de acoso a los considerados como objetivos de ETA, fundamentalmente a partir de los años noventa. Es en esta década cuando ETA comenzó a seleccionar como objetivos, no solo a las fuerzas de seguridad, sino también a civiles, en especial concejales, jueces, empresarios, periodistas o profesores, entre otros, con el propósito de tener un mayor impacto sobre la sociedad. (Alonso y Reinares, 2005 ; Domínguez, 2003; Sánchez-Cuenca, 2009).
Las estrategias de la violencia etarra

Así pues, la violencia aplicada por el entramado de ETA puede clasificarse en violencia física y violencia psicológica. Las acciones de violencia psicológica se consideran una forma de violencia instrumental, y como señalan Rodríguez-Carballeira, Almendros, Escartín, Porrúa, Martin-Peña, et al. (2005) pueden ser una herramienta para dominar, bien sea para someter a la persona o bien para excluirla. Mientras que la violencia física ha sido aplicada tanto dentro de Euskadi como en el resto de España, la violencia psicológica ha sido aplicada fundamentalmente en Euskadi, así como también en Navarra. Estas dos comunidades han sido zonas de influencia del entramado etarra, contando con apoyos de un sector de la población general para el desarrollo de distintas formas de violencia.

La violencia física ha consistido principalmente en asesinatos y en atentados con bombas contra edificios oficiales o representativos. Los objetivos de este último tipo de atentados, generalmente realizados por grupos de la mencionada kale borroka, han sido bancos, compañías de seguros, empresas de telefonía, oficinas de correos, transporte público, sedes de partidos políticos, o también miembros de la policía, tanto policía autonómica como estatal (De la Calle, 2007; Van den Broek, 2004). Esta forma de violencia practicada por el entorno de ETA, más que por la propia banda, ha venido siendo aplicada en forma de acoso, es decir, mediante actos continuos tanto de violencia física como de violencia psicológica, ésta última principalmente mediante amenazas, insultos y coacciones (Bartolomé-Gutierrez y Rechea-Alberola, 2006). Ambos tipos de violencia, física y psicológica, formarían un continuo, considerando que las personas que han sufrido violencia física (incluidos los asesinatos), a menudo habían sufrido también previamente violencia psicológica acosadora o persecutoria. En este estudio analizaremos únicamente las estrategias de violencia de tipo psicológico.
Consecuencias de la violencia

Las consecuencias o daños sufridos por las víctimas de la violencia de ETA, pueden variar en función del tipo de violencia aplicada, violencia física o psicológica. Algunos resultados de los primeros estudios, como el “Proyecto Fénix” (Baca, Cabanas y Baca-García, 2002; Baca, Cabanas, Pérez-Rodríguez y Baca-García 2004), sobre los efectos entre las víctimas de la violencia terrorista han mostrado que quienes sobreviven a un atentado, tienen un riesgo más elevado de trastornos de ansiedad y depresión, así como peores niveles de salud mental que la población general, tanto a corto como a largo plazo. Estudios recientes en Euskadi han mostrado que las víctimas de la violencia terrorista tienen entre 4 y 7 veces más riesgo de sufrir trastornos físicos, emocionales y psiquiátricos (Larizgoitia, Izarzugaza y Markez, 2009). De un modo distinto a los casos de violencia física, las personas amenazadas en Euskadi, pueden sufrir efectos como ansiedad, síntomas de depresión, abuso de sustancias y problemas de pareja, como una expresión del sufrimiento íntimo (Echeburúa, 2004). Es escasa la investigación sobre los efectos de la situación de amenaza y de la denominada “violencia de persecución” en Euskadi, la cual no solo afecta a las víctimas directas sino también a sus familiares, amigos y vecinos que se ven afectados por un entorno de estrés continuo (Gesto por la Paz, 2000). Pereira (2004) señala algunos de los efectos de esta situación de violencia, que puede incluir estigmatización social, lo que incide en el entorno cercano de la víctima y tiende a disminuir el apoyo social. De acuerdo con Baca, Echeburúa y Tamarit (2006), los estudios sobre terrorismo han indicado la relevancia del apoyo social como factor de protección contra los efectos psicopatológicos. Algunos de estos efectos pueden ser los cambios en las rutinas debidos a razones de seguridad, la necesidad de utilizar guardaespaldas, los síntomas de ansiedad, el incremento de la ingesta de fármacos sedantes, el mayor consumo de tóxicos, el miedo continuado, el estrés o incertidumbre, entre otros.
Objetivos de la investigación

Estas formas de violencia y sus efectos psicosociales merecen ser más investigados desde un punto de vista científico, teniendo en cuenta que todo ello daña seriamente a un considerable número de personas y que hay una carencia de estudios tanto normativos como analíticos sobre este fenómeno (Ararteko, 2009a). Así, el objetivo general de esta investigación consiste en definir y analizar el acoso y las estrategias de violencia psicológica aplicadas por el entramado de ETA en Euskadi así como sus consecuencias psicosociales sobre las víctimas. Para ello, se proponen dos estudios con los siguientes objetivos específicos: 1) Construir una taxonomía de las estrategias de violencia psicológica aplicadas por el entramado terrorista, contrastándola y validándola mediante un análisis de contenido de testimonios de personas que han sufrido este tipo de violencia (Estudio 1); 2) Construir una taxonomía de las consecuencias psicosociales del acoso aplicado por el entramado de ETA y validarla mediante un análisis de contenido de testimonios de víctimas que han sufrido el mencionado acoso (Estudio 2).
Estudio 1:

Taxonomía de las estrategias de violencia psicológica aplicadas por el entramado de ETA
Método
Muestra

La muestra consistió en 19 testimonios de personas que habían sufrido violencia psicológica aplicada por el entramado de ETA. Son testimonios tanto audiovisuales como escritos, los cuales fueron seleccionados a partir de documentos públicos, como documentales, entrevistas en revistas, diarios y material de asociaciones de víctimas del terrorismo. Todos los testimonios fueron de personas que han sido objetivos de ETA o afectados por el acoso aplicado por el entramado de ETA en Euskadi. El análisis de contenido de los testimonios públicos existentes permite una primera aproximación a una temática donde la muestra representa a una población oculta, que usualmente no desea hablar de la situación. Así, el muestreo realizado ha sido no probabilístico, considerando la naturaleza sensible del tema y, de acuerdo con Pereira (2004), las actitudes de desconfianza de quienes conforman la muestra.
Unidades de análisis

De acuerdo con Holsti (1969) las unidades de análisis se definen como un segmento específico de contenido que se caracteriza al adscribirlo a una categoría específica. Las acciones o estrategias de violencia psicológica, aplicadas por el entramado terrorista en sus diferentes formas, fueron definidas como unidades de análisis.
Codificación

Los testimonios audiovisuales fueron transcritos completamente e insertados junto con los demás documentos en un archivo tipo ASCII para el posterior análisis de contenido. La codificación y agrupación de las unidades se realizó mediante el software Hyperresearch 2.8. Se utilizaron las reglas de ausencia-presencia y se cuantificó la frecuencia de las categorías en cada unidad de análisis de los testimonios. Las unidades de análisis se codificaron por dos observadores con el objetivo de verificar la concordancia o fiabilidad. Se prepararon instrucciones para la cualificación de los observadores.
Fiabilidad de la codificación

Para verificar la concordancia en el proceso de codificación de las acciones de violencia se realizó la fiabilidad intraobservador e interobservadores. Como coeficiente de fiabilidad se utilizó el índice Kappa de Cohen, utilizando el paquete estadístico SPSS-15.
Resultados

Los primeros resultados obtenidos consisten en una taxonomía de las estrategias de violencia psicológica aplicadas por el entramado terrorista en Euskadi. Esta taxonomía (ver tabla 1) está integrada por cuatro grandes dimensiones psicosociales que incluyen: (1) el entorno social de la persona, (2) los aspectos emocionales, (3) los aspectos cognitivos y (4) los aspectos conductuales, de acuerdo con el modelo de clasificación utilizado en otros estudios donde se ha investigado la violencia psicológica aplicada en grupos manipulativos, violencia de género, o mobbing (Rodríguez-Carballeira et al., 2005; Rodríguez-Carballeira, Escartín, Visauta, Porrúa y Martin-Peña, 2010; Escartín, Rodríguez-Carballeira, Gómez-Benito y Zapf, 2010).

Tal como se muestra en la tabla 1, la taxonomía está subdividida en 6 tipos de estrategias de abuso, denominadas en función de los actos que predominan en cada una de ellas. Las primeras tres categorías se refieren a estrategias indirectas relacionadas principalmente con conductas de violencia hacia los aspectos del entorno de la persona: la 1 se refiere a actividades dirigidas hacia el aislamiento; la 2 se refiere a obtener información sobre diferentes costumbres o datos de la persona; la 3 a la extorsión económica. Por el contrario, las tres últimas categorías, están más centradas en las formas directas de violencia, referidas a los componentes o estrategias de abuso que enfatizan, respectivamente, elementos de naturaleza emocional, cognitiva y conductual.

Tabla 1. Taxonomía de las estrategias de violencia psicológica aplicadas por el entramado de ETA (Martin-Peña, Rodríguez-Carballeira, Escartín, Porrúa y Winkel, 2010).

En la tabla 2 se muestran las frecuencias resultantes del análisis de contenido, partiendo del mencionado análisis de testimonios. Los coeficientes de fiabilidad Kappa de Cohen muestran unos resultados adecuados.

El análisis de índole más cualitativa que hacemos a continuación se ilustra con algunos ejemplos literales de testimonios. La categoría que mayor puntuación obtiene es el “abuso emocional”, que incluye la más importante estrategia, la “amenaza”, referida, entre otras, a las formas de amedrentar a la persona mediante amenazas de muerte, a menos que deje el trabajo o abandone el lugar de residencia. Algún testimonio lo refleja así: “Recibí una carta que me amenaza de muerte si no renuncio a ser concejal”; también: “Cuando te ponen dos llaves del portal de tu casa en dos amenazas de muerte, pues lógicamente ya piensas mal hasta de algunos vecinos, ¿no?”; o también: “Tengo cuatro balas de 9mm parabellum (munición habitualmente utilizada por ETA) que me dejaron dos veces en el buzón de mi casa”. Dentro de la misma categoría del abuso emocional se halla la estrategia del “desprecio, humillación o rechazo” y está compuesta fundamentalmente por diferentes formas de abuso verbal: “Me encuentro con que a la altura de una taberna en particular (referido a bares frecuentados por simpatizantes del entorno de ETA), pues hay alguien que dice ‘ahí va esa hija de puta’”.

Tabla 2. Frecuencia y fiabilidad intraobservadores e interobservadores. Testimonios, n=19 (Martin-Peña, Rodríguez-Carballeira, Escartín, Porrúa y Winkel, 2010).



La segunda categoría más puntuada es la “estigmatización”, consiste en acciones realizadas principalmente en el espacio público con el objetivo de señalar o marcar al individuo como enemigo. Por ejemplo, grafitis, pintadas, carteles u otras formas de designar a la persona como enemigo y objetivo del entramado terrorista. Como ejemplo: “Yo he estado en la vorágine, digamos, de la amenaza… en donde con relativa frecuencia recibía insultos en la calle.” Aunque estas acciones pueden contener elementos de otras estrategias, las formas de estigmatización pueden tener un impacto más amplio, puesto que la persona puede ser señalada delante de vecinos, compañeros de trabajo y delante de la sociedad en general: “Mi nombre ya había salido en pancartas injuriosas en la Facultad donde estoy matriculada”.

En la categoría de “control-vigilancia de las actividades cotidianas”, la tercera en orden de frecuencia, el objetivo o potencial víctima es habitualmente informado por las Fuerzas de Seguridad de que sus datos han aparecido en algún listado de objetivos del entramado terrorista. Los colaboradores de la banda terrorista pueden obtener información del objetivo, la cual puede ser utilizada para futuras acciones de violencia. Estos colaboradores pueden ser personas del propio vecindario o del entorno laboral, lo cual puede causar una fuerte sensación de inseguridad en la vida cotidiana:

Hay algunos vecinos que procuran recopilar datos de potenciales víctimas para pasárselos a los terroristas. La policía me indicó que así lo hacía el dependiente de una frutería muy cercana a mi domicilio.

La categoría de las “acciones coartadoras de las libertades” puede también incluir elementos de otras formas de violencia, pero aquí el matiz consiste en aplicar presión al objetivo a través de la presencia de personas cercanas a las posiciones de ETA y su entorno. Por ejemplo, esta presión puede ser aplicada mediante una manifestación pública de protesta frente al domicilio de la persona acosada, pudiendo quedar reducida su libertad de movimiento. Por ejemplo: “Todas las concentraciones de los radicales (se refiere a simpatizantes de ETA) se hacían debajo de mi casa”; o también: “Una docena larga de jóvenes que me injurió y amenazó con otra pancarta contra el portal de mi casa”.

La categoría “extorsión económica” conlleva una estrategia principalmente dirigida contra empresarios/as en Euskadi y Navarra. Esta estrategia es a menudo realizada mediante el envío de cartas en las cuales ETA demanda cantidades de dinero para su “causa”: “Al pasar vi que había correspondencia sobre una mesa y me fijé en una carta. Me llamó la atención y la abrí, y leí la carta de ETA. Me pedían 138.000 euros”. Esta estrategia condiciona la seguridad de la persona, de sus familiares o propiedades, dada la amenaza que conlleva su incumplimiento: “Esa noche llegué a casa y me encontré otra carta de ETA, esta vez con el remite de una hija mía” (La dirección de la hija fue escrita por ETA).

Por último, la categoría menos puntuada fue la de “aislamiento y exclusión social”. Se han hallado pocas acciones específicas de este tipo, aunque la intención de excluir está claro que está presente también en otras estrategias. Como estrategia que trata de promover el ostracismo de la persona y procurar su exclusión de ese entorno social, en algunas ocasiones lo hace mediante intimidación de las personas de su entorno inmediato:

Nosotros frecuentábamos un bar, de amigos, creíamos, donde estábamos tranquilas, nos tomábamos una cerveza...empezábamos la noche ahí... y un día nos llevan a la trastienda del bar y nos dicen que han recibido una carta en la que amenazan a los dueños con quemar el bar si siguen sirviéndonos cervezas. Y claro que ellos no nos dicen lógicamente que dejemos de ir... pero que comprendamos la situación... que tienen una hipoteca... que ellos se quieren llevar bien con todo el mundo....

Es importante señalar que en las localidades pequeñas, donde los simpatizantes del entramado de ETA pueden ser mayoría, les resulta más fácil el control, la presión y la promoción del aislamiento de la persona.
Estudio 2:

Taxonomía de las consecuencias psicosociales sobre las víctimas del acoso
Método
Muestra

Los participantes fueron 37 personas que habían sido o eran afectados por el acoso aplicado por parte del entramado de ETA en Euskadi. Las características de los participantes se muestran en la tabla 3. Los primeros 18 testimonios fueron recopilados a partir de varios tipos de documentos públicos (documentales, entrevistas en revistas, diarios y material audiovisual producido por asociaciones de víctimas). Los otros 19 fueron obtenidos directamente de víctimas y amenazados de ETA, utilizando un muestreo tipo “bola de nieve” debido a la naturaleza sensible y a las actitudes de desconfianza sobre esta temática (Pereira, 2004). Penrod, Preston, Cain y Starks (2003) señalaron que una de las ventajas del muestreo “bola de nieve” es que los miembros de poblaciones especiales conocen a otros en esa misma situación. Por ese motivo, los mencionados autores consideran el muestreo “bola de nieve” útil para el acceso a poblaciones ocultas o temas de alta sensibilidad social, como lo es el de las víctimas y amenazados en Euskadi por ETA.

Tabla 3. Características de la muestra de personas amenazadas


Procedimiento

El estudio fue desarrollado en 2009. En primer lugar, se procedió a una revisión de la temática y a entrevistas personales con personas próximas a las víctimas y amenazadas por ETA en Euskadi para buscar la forma de acceso a las mismas. En segundo lugar, a partir de establecer contactos, se requirió la colaboración por correo electrónico de personas amenazadas por ETA, para recopilar su experiencia sobre la violencia padecida en sus diferentes aspectos. El documento enviado por correo electrónico señaló la utilidad de la colaboración así como la utilización de los datos sin comprometer la seguridad y la identidad de las personas. Se incluyó en el mencionado documento una dirección web donde las personas podían responder un cuestionario y explicar su experiencia de forma anónima. Así pues, mediante el mencionado muestreo de “bola de nieve”, se recibieron tanto testimonios escritos, como datos socio-demográficos mediante el programa QuestionPro (www.questionpro.com).
Construcción de la taxonomía

A partir de una revisión de los estudios y de entrevistas personales con víctimas, se desarrolló la taxonomía de las consecuencias psicosociales sobre el acoso aplicado por el entramado de ETA. Se identificaron las consecuencias, agrupándolas inicialmente en cuatro grandes ámbitos psicosociales donde pueden incidir: el del entorno inmediato de la persona, el de la emoción, el de la cognición y el de la conducta. Los testimonios fueron codificados en función de esa categorización o taxonomía, utilizando un análisis de contenido de tipo deductivo.
Unidades de análisis

Las unidades de análisis fueron delimitadas como los efectos o consecuencias del acoso y violencia psicológica aplicados por el entramado en sus diferentes formas.

Codificación

Se transcribieron los testimonioss audiovisuales, adjuntándolos a un archivo ASCII para su análisis de contenido. La codificación y la agrupación de las unidades de análisis se realizó mediante el programa Hyperresearch 2.8, usando las reglas de ausencia-presencia y cuantificando la frecuencia de las categorías en cada unidad de análisis. Asimismo, las unidades de análisis fueron codificadas por dos evaluadores externos para verificar la concordancia o fiabilidad. Los codificadores recibieron instrucciones previas y un libro de códigos para el desarrollo de la tarea, que incluyó el nombre de la categoría, reglas de codificación y ejemplos.
Fiabilidad

Se analizó la fiabilidad intraobservador e interobservadores para verificar la concordancia en el proceso de codificación de los testimonios. El índice Kappa de Cohen se usó como coeficiente de fiabilidad, mediante el paquete estadístico SPSS-15.
Resultados

Los resultados obtenidos consisten en una taxonomía de las consecuencias psicosociales o efectos posibles sufridos por personas acosadas o grupos de riesgo, que han sido de algún modo señalados y amenazados por el entramado terrorista en Euskadi.

Estas consecuencias principalmente son resultado de la violencia psicológica, la cual puede ser directa (por ejemplo, personas que han sufrido insultos, amenazas u otros) o indirecta (como por ejemplo pertenecer a un grupo de riesgo, señalado de algún modo por el entramado terrorista). La taxonomía de los efectos se encuentra dividida en 4 grupos de efectos que, como en el Estudio 1, enfatizan los componentes psicosociales: (1) contextual, (2) emocional, (3) cognitivo y (4) conductual. Cada uno de estos grupos está dividido en categorías específicas, las cuales están etiquetadas en función de las consecuencias que predominan en cada una de ellas. Los resultados del análisis de contenido junto con la taxonomía se muestran en la tabla 4, con las frecuencias de los testimonios codificados en las respectivas categorías. De igual modo que en el Estudio 1, varios extractos literales de testimonios son analizados a continuación de forma cualitativa.

Las consecuencias incluidas en el grupo referido al “contexto” de la persona fueron las más señaladas en los testimonios. Se refieren fundamentalmente a efectos que alteran el entorno cercano de la persona. Así por ejemplo, la necesidad de medidas de protección es ampliamente señalada en los testimonios. El uso de escolta personal o guardaespaldas es común entre los colectivos amenazados por ETA, sobre todo cuando la persona ha sufrido alguna clase de acoso o por pertenecer a un grupo de riesgo, objetivo de ETA. Por ejemplo: “Soy concejal en una localidad de 5000 habitantes. No vivo de la política. Llevo escolta desde el verano de 2000. Recuerdo que entonces estaba embarazada de mi segunda hija. En la maternidad donde di a luz estuve protegida”. O también: “Tienes que vivir con el extintor… tienes que vivir con los cristales blindados… con la puerta blindada”.

Las consecuencias incluidas en el grupo referido al “contexto” de la persona fueron las más señaladas en los testimonios. Se refieren fundamentalmente a efectos que alteran el entorno cercano de la persona. Así por ejemplo, la necesidad de medidas de protección es ampliamente señalada en los testimonios. El uso de escolta personal o guardaespaldas es común entre los colectivos amenazados por ETA, sobre todo cuando la persona ha sufrido alguna clase de acoso o por pertenecer a un grupo de riesgo, objetivo de ETA. Por ejemplo: “Soy concejal en una localidad de 5000 habitantes. No vivo de la política. Llevo escolta desde el verano de 2000. Recuerdo que entonces estaba embarazada de mi segunda hija. En la maternidad donde di a luz estuve protegida”. O también: “Tienes que vivir con el extintor… tienes que vivir con los cristales blindados… con la puerta blindada”.

El “trastorno en las actividades sociales, en los horarios y rutinas de la vida cotidiana” se refiere a situaciones que afectan todo tipo de quehaceres cotidianos, con cambios en horarios y en itinerarios como forma de evitar ciertas actividades que puedan suponer un riesgo para la persona:

Tabla 4. Taxonomía de consecuencias psicosociales del acoso y violencia psicológica aplicada por el entramado de ETA (Martin-Peña, Rodríguez-Carballeira, Escartín, Porrúa y Olff, 2011)



En general no llevo, ni recojo del colegio a mis hijas aunque mi horario me lo permite. No las acompaño al parque porque el mundo de los niños está lleno de rutinas y precisamente las rutinas pueden significar nuestra porque el momento más vulnerable para un atentado es la salida del domicilio.

En parte este trastorno de las actividades diarias viene condicionado por el uso de la protección o escolta, pero se debe recordar que la fuente original del problema reside en la amenaza y en las estrategias de acoso, tanto directas como difusas, que algunas personas sufren. Las personas que han rechazado utilizar esta protección deben también mantener algunas medidas de seguridad relativas a las actividades diarias y rutinas, utilizando para ello medidas de autoprotección. Un ejemplo de ello es la revisión de los bajos del vehículo ante el riesgo de la colocación de un artefacto explosivo. Así pues, en ambos casos, las actividades sociales se ven necesariamente afectadas. Esta atmósfera cotidiana puede facilitar un trastorno en las relaciones familiares, puesto que no se trata de una situación ocasional. La preocupación del daño que podría ocurrir al miembro de la familia amenazado puede afectar negativamente a la relación: “Supone que llega un momento que estás tan saturada (de la situación), que incluso afecta propiamente a la relación de pareja”. También: “Los chavales van creciendo y van creciendo en un ambiente enrarecido… y que no sabes el día de mañana que factura nos puede pasar”.

Finalmente, el “distanciamiento de las relaciones sociales” puede verse afectado, tanto en el ámbito profesional o académico como en el más personal. Algunas personas de estos entornos pueden no desear tener una relación asidua con una persona acosada o señalada como objetivo potencial: “El distanciamiento también lo he percibido en algunos sitios que no voy a especificar, es una cosa particularmente dolorosa porque te das cuenta de que eres molesto, que la gente no quiere estar mucho contigo”. También: “Desde que soy concejala mis amigas me dieron la espalda”.

Algunas personas pueden preferir no visitar a la persona amenazada o señalada por miedo a estar en peligro o incluso por miedo a convertirse en objetivo de amenazas. Cuando las situaciones de acoso y de riesgo son más continuas, en ocasiones puede ser necesario el cambio de residencia: “Nos hemos tenido que trasladar varias veces de vivienda”.

El grupo de consecuencias del ámbito cognitivo obtuvo la segunda mayor puntuación, refiriéndose a las percepciones o pensamientos derivados de la situación de acoso. Concretamente, el aspecto con una mayor frecuencia es la “alta percepción de vulnerabilidad social y restricción de libertad”, enfatizando la dificultad de controlar la situación y la falta de libertad en distintos ámbitos: “Al final, lo que ves es que no hay libertad de ser tú mismo, que tus ideas son tu muerte, que mejor estás calladito en casa y sin salir”.

En segundo lugar dentro del ámbito cognitivo, los “pensamientos de muerte o de riesgo para la vida” pueden ser habituales en la situación de acoso y especialmente intensos cuando hay alguna acción de violencia física. Un ataque dirigido hacia otra persona reactiva los propios pensamientos de muerte: “Tú, cuando sales de casa no sabes si el enemigo te está preparando alguna sorpresa o si… ese día te toca que te cacen”. También: “Lo más triste de esto es que muchos hemos pensado tantas y tantas veces que nos pueden matar cada día, que ya nos hemos acostumbrado a morir, y ya nada es igual”. O también: “Si matan al contable de 'El Diario Vasco', ¿por qué no me van a matar a mí?”

La tercera categoría más frecuente de este grupo fue la de “agotamiento y pensamientos de abandono de la situación”: “No te dan ganas de seguir, aún sabiendo que si lo dejas todavía corres ese riesgo. No merece la pena, alguien tiene que estar dando la cara por el pueblo pero... que sea otro”. Debido a los diferentes tipos de presión padecidos, algunas personas pueden decidir abandonar la situación en la que se encuentran inmersos: “Piensas en marcharte de aquí”.

La cuarta categoría de este grupo por frecuencia fue la de “desconfianza y ocultación hacia los demás de la situación vivida”. Cuando la situación de acoso comienza, la necesidad de ocultarla y las actitudes de desconfianza pueden convertirse en extremas, con personas pensando continuamente sobre quién puede ser sospechoso de ser un colaborador de ETA: “En otros casos sales con personas que no conocen tu situación, y no se lo comentas, estás con mentiras viviendo prácticamente una vida B”. La situación de acoso puede facilitar una “elevada percepción de señalamiento o estigma social” (última categoría de este grupo), principalmente entre las personas que utilizan guardaespaldas o que residen en un pueblo o localidad pequeña. Por ejemplo: “Eres una especie de excluido de la sociedad”.

El grupo de consecuencias del ámbito emocional se refiere a la afectación de las reacciones emocionales, como el miedo, estrés, tristeza o aversiones. El “miedo” es la categoría más puntuada: “Me tengo que quedar en casa… porque tengo miedo de salir en determinados momentos, en determinadas horas”. Este miedo puede igualmente referirse a un miedo a sufrir un atentado o a ser estigmatizado o excluido socialmente en ciertos lugares. En segundo lugar fueron puntuadas las situaciones de “ansiedad y estrés”, las cuales son bastante comunes: “A veces veía dos tíos desconocidos que me venían de frente y me decía: estos son, estos son los que me van a matar. Luego, cuando pasaban de largo, suspiraba y me decía: te estás volviendo loco”.

La tercera puntuación más alta de este grupo la recibió la “indignación, ira”, una reacción emocional habitualmente dirigida al entorno cercano de la persona o hacia personas percibidas por las víctimas como directa o indirectamente responsables de la situación de acoso: “Colocaron (simpatizantes del entorno de ETA) una gran pancarta injuriosa contra mi persona ante mi domicilio. Cuando la encontré, un furgón de la policía autonómica vasca parecía custodiarla y yo no entendía porque no la retiraban. Me enfadé y la quitaron”. Como señalan Nijdam et al. (2008), las personas pueden responder a este tipo de situaciones con un incremento de irritabilidad.

La “tristeza, depresión o autoaislamiento” fue la cuarta categoría puntuada en el grupo de consecuencias emocionales, la cual puede aparecer como un efecto de una situación de estrés continuado: “Como consecuencia de la situación nos vamos encerrando poco a poco en nuestro trabajo o en nuestra casa”. La categoría de “fuerte aversión y/o pérdida continuada de interés ante situaciones sociales y cotidianas” no apareció reflejada en los testimonios. Sin embargo, las evitaciones y la disminución de interés en actividades o lugares suelen derivarse de una situación traumática.

Por último, el grupo de consecuencias de tipo más específicamente conductual, comprende las categorías de “toma de medicación” y “consumo elevado de alcohol u otras drogas ilegales”. Se refiere a ciertos comportamientos de riesgo que la persona bajo presión o acoso puede desarrollar, como conductas compulsivas. Se debe enfatizar que ninguna de estas categorías, contempladas en otros estudios, apareció en los testimonios analizados. Las limitaciones del tamaño de la muestra y la sensibilidad de la temática sobre medicación, alcohol o drogas, puede aportar una explicación inicial de estos resultados. Sin embargo, otros estudios en esta área muestran que las personas acosadas en Euskadi pueden incrementar la utilización de la auto-medicación y otros productos perjudiciales (Nijdam et al., 2008; Pereira, 2004). Aunque estos aspectos pueden considerarse como estrategias de afrontamiento, las amenazas difusas aplicadas por el entramado de ETA deben ser consideradas como el origen esencial de esos efectos psicosociales sobre la persona y su entorno, lo que puede ser modulado por el apoyo social y las propias estrategias de afrontamiento.
Discusión

Esta investigación se ha centrado en las formas o estrategias de violencia psicológica, la denominada “violencia de persecución”, aplicada por el entramado de ETA en Euskadi, así como en las consecuencias psicosociales de la misma. De acuerdo con los objetivos, se han propuesto sendas taxonomías que pretenden contribuir a un mayor conocimiento de un fenómeno muy poco estudiado y que ha afectado gravemente a un número importante de personas, fundamentalmente en Euskadi y también en Navarra.

La evolución de la violencia terrorista de ETA en cuanto a su organización, formas de violencia aplicada y selección de objetivos, ha causado un enorme daño tanto en víctimas directas como indirectas, sobre todo en las dos comunidades mencionadas. La estrategia puesta en marcha por ETA a mediados de los años noventa, ha promovido una persecución dirigida en buena parte hacia personas que han criticado el proyecto totalitario de la banda (Ararteko, 2009b). Esa nueva estrategia de ETA implicó en mayor medida a personas colaboradoras que no necesariamente pertenecían a los comandos etarras. Así, grupos de la denominada como “kale borroka” han jugado un papel complementario a los atentados. Mientras que los asesinatos comenzaron a reducirse, después de 1994, según recogen De la Calle y Sánchez-Cuenca (2004) y Van den Broek (2004), las acciones de “kale borroka” se incrementaron en pueblos y ciudades, fundamentalmente en Euskadi y Navarra, existiendo una relación inversa con los ataques de ETA. Así pues, esas formas de violencia complementarias han sido estrategias de violencia tanto física como psicológica, conformando una violencia crónica, un acoso continuado hacia los objetivos designados. Parte de ese acoso ha sido llevado a cabo mediante la aplicación de estrategias de violencia psicológica, analizadas de forma específica en el Estudio 1 de esta investigación. Este acoso también ha conllevado una serie de consecuencias o efectos de tipo psicosocial, abordados en el Estudio 2.

Los resultados obtenidos en el Estudio 1, se refieren a una serie de formas o estrategias de violencia psicológica que pueden ser aplicadas por los comandos, pero que lo son en especial por colaboradores que forman parte del entorno de ETA. La clasificación propuesta abarca un amplio rango de estrategias, dirigidas de forma directa hacia la persona o indirectamente hacia los elementos de su entorno más inmediato, desde formas evidentes hasta otras más sutiles.

Esa taxonomía diseñada y propuesta permitió además una primera jerarquización empírica de la relevancia de las formas de una violencia que conforma de hecho un terrorismo psicológico. Este terrorismo psicológico incrementa su potencial amedrentador y persecutorio, como señala Gesto por la Paz (2000), ante la posibilidad de que el acoso finalice con la persona acosada asesinada.

Los resultados obtenidos enfatizan un acoso caracterizado por el “abuso emocional”, en especial en forma de amenazas e intimidaciones, las cuales son el eje central de la taxonomía. En cuanto a la estrategia de “estigmatización”, facilita el señalamiento del individuo como potencial objetivo por parte del entramado, lo que puede comportar posteriores acciones de violencia contra la persona afectada. Como señala Ibarra (2001), esto puede ir precedido por discursos y campañas de propaganda que pueden deshumanizar al grupo objetivo, seguido por el señalamiento individual de personas.

Las estrategias denominadas como “acciones coartadoras de las libertades”, y “aislamiento”, aparecen en menor medida en los testimonios, probablemente porque puedan ser estrategias que se muestran acompañando a otras y no tanto de forma explícita e independiente. La “extorsión económica”, que afecta en especial a empresarios, aparece de igual modo infra-representada en los testimonios, probablemente porque este sector suele tener muy grandes reticencias a aportar su testimonio por miedo a posibles represalias.

Las consecuencias y efectos resultantes de la aplicación de este terrorismo psicológico afectan a la víctima directa pero también a su entorno e imponen un estrés crónico sobre las personas que sufren la violencia terrorista. Así, quienes han sufrido coacciones de manera continuada señalan un sufrimiento perpetuo, una angustia intensa y ansiedad extrema y un sentimiento de persecución (Larizgoitia, Izarzugaza y Markez, 2009).

A este respecto, el Estudio 2 aporta el diseño teórico de una taxonomía de las consecuencias psicosociales de esa violencia, junto a una jerarquización empírica inicial de sus distintas categorías de consecuencias, obtenida a través de los testimonios de víctimas.

Desde un punto de vista bio-psico-social de la salud, el estrés crónico que puede derivarse de los mencionados efectos psicosociales puede facilitar una activación frecuente o prolongada de los sistemas de estrés neuroendocrinos, pudiendo causar perjuicios en los mecanismos biológicos (Olff, Langeland y Gersons, 2005). Sin embargo, además de los efectos biológicos y psicopatológicos, las consecuencias psicosociales juegan un rol significativo en la salud de las víctimas de una violencia continua, incluyendo factores tales como la cualidad y la densidad de las redes sociales de apoyo (Pedersen, 2002). Las frecuencias obtenidas sitúan en primer lugar, como más relevantes, a las consecuencias psicosociales que alteran el contexto o entorno en el que viven los afectados, y en un menor grado, las consecuencias sobre los aspectos cognitivos y emocionales. Si atendemos a la clasificación de consecuencias psicosociales mostrada en algún estudio sobre otras formas de acoso, podemos ver, por ejemplo, que la investigación de Spitzberg (2002) en el ámbito de las relaciones de pareja, mostró los efectos del acoso (stalking), incluyendo categorías similares a las de la taxonomía propuesta en este estudio. Estas categorías abarcaron aspectos más amplios, que incluyeron efectos como: trastorno general, salud afectiva, salud cognitiva, salud física, salud social, recursos de salud y afrontamiento.

Los trastornos referidos al “contexto” más próximo pueden significar una fuente de estrés crónico que puede facilitar la pérdida de apoyo social. Este apoyo es un factor de protección importante para las víctimas, abarcando el entorno social de la persona y el apoyo social institucional (Echeburúa, 2002). El cambio de rutinas por la situación de acoso o la vivencia de situaciones de más riesgo pueden generar un gran malestar e inquietud, y la práctica laboral o profesional también suele verse afectada. Las conductas rutinarias y hábitos suelen formar parte de los aspectos identitarios de la persona, por lo que no es fácil su cambio. Sin embargo, el incumplimiento del cambio de esas rutinas ha posibilitado a la banda terrorista la consecución de numerosos asesinatos en Euskadi (Pereira, 2004). Estos asesinatos llevan a aumentar el uso de protección personal (guardaespaldas), que a su vez puede reforzar la percepción de amenaza (Nijdam et al., 2008).

El acoso y las estrategias de violencia psicológica influyen en los procesos cognitivos de la persona, cambiando su percepción de la vida, en el sentido de incorporar una alta vulnerabilidad. Olff, Langeland y Gersons (2005) argumentaron que la percepción y evaluación cognitiva de la persona sobre un acontecimiento estresante junto con los procesos de afrontamiento, pueden ser importantes determinantes de la respuesta psicológica y fisiológica del estrés. Los pensamientos de muerte se incrementan porque la persona amenazada vive con el riesgo o la posibilidad de sufrir un atentado y esa amenaza puede convertirse en un factor continuo de incertidumbre (Echeburúa, 2004). Esta situación a menudo puede crear una sensación de agotamiento que lleva a algunas personas a decidir marchar de Euskadi cuando se convierte en algo continuo o crónico (Pereira, 2004). Como indica este autor, los síntomas de persecución aparecen frecuentemente junto con actitudes de desconfianza. Las personas amenazadas pueden comenzar a sospechar de otros individuos, pensando por ejemplo en la posibilidad de un atentado o un seguimiento, sin tener una evidencia real para tal sospecha, convirtiéndose en una interpretación cognitiva disfuncional (Nijdam et al., 2008). La ocultación de la situación de acoso o de ser un objetivo potencial es algo común, puesto que un individuo que es una potencial víctima de ETA puede ser señalado o estigmatizado en su entorno social, lo cual puede derivar en una pérdida de apoyo social.

Todo ello afecta seriamente a las emociones de la persona, creando un abanico de miedos, por ejemplo, miedo a sufrir un atentado, a ser señalado socialmente, o miedo a lo que pueda sucederles a los familiares. Así, un estado de alerta continuo puede facilitar sintomatología ansiosa e incluso depresión (Echeburúa, 2004). Pueden suceder también reacciones de evitación junto con estados de ánimo depresivos, una hiperactivación, dificultades de sueño y de concentración así como un aumento de ira e irritabilidad.

Las conductas de riesgo como el consumo excesivo de alcohol o de otras sustancias, no han aparecido en los testimonios analizados. Las limitaciones de la muestra de testimonios y la sensibilidad de la temática sobre medicación, alcohol u otras drogas, podría explicar estos resultados. Así, Tourangeau y Yan (2007) señalan que las preguntas o temáticas sensibles implican que pueden verse como intrusivas por los encuestados, además de las posibles repercusiones a partir de revelar esa información sensible.

Como indica Nijdam et al. (2008), en las situaciones anteriormente mencionadas donde existen amenazas y a menudo protección de escolta, suelen sucederse dos etapas: en la primera etapa, la persona se enfrenta por primera vez a la amenaza y a las medidas de protección, siendo un estresor agudo; en la segunda etapa, es común que haya un cierto grado de adaptación, convirtiéndose la amenaza y la protección en un estrés de tipo crónico.

La evolución del entramado de ETA ha llevado a impulsar una nueva forma de violencia acosadora, en especial en Euskadi y Navarra, basada en una ampliación tanto en el repertorio de las formas de violencia como en la selección de las víctimas. Como indica Walter (1969), el terror no buscaría eliminar al grupo objetivo, sino su control mediante la violencia y el miedo, algunas veces destruyendo una parte del grupo objetivo para inducir terror en el resto. De este modo, siguiendo al mismo autor, el acto o la amenaza de violencia, la reacción emocional y los efectos sociales conformarían un proceso de terror. Esto hace del terrorismo también un mecanismo de comunicación social, dirigido a modificar la conducta de la población mediante la combinación de coacción y persuasión (Schmid, 2004).
Limitaciones, implicaciones e investigación futura

Las limitaciones de sendos estudios están centradas en el número y el tipo de testimonios recogidos, los cuales no son representativos, siendo parte de ellos testimonios públicos. Sin embargo, el estudio puede ser útil como una primera aproximación a una realidad que sigue vigente, de muy difícil acceso y en la cual existe una victimización oculta (Ararteko, 2009a). Las implicaciones de los estudios se centran en aportar una primera clasificación y jerarquización de las estrategias de acoso y violencia psicológica aplicadas por el entramado de ETA y de las consecuencias psicosociales derivadas de las mismas, que conforman un terrorismo psicológico dirigido principalmente hacia una parte específica de la sociedad vasca; se centran también en contribuir a una mayor visibilización y comprensión de una problemática de clara relevancia social pero con muy escaso estudio científico hasta el momento. Las investigaciones futuras respecto a esta temática deberían ir dirigidas a la mencionada visibilización y evaluación de las formas de violencia, y a profundizar en el estudio de los distintos elementos que juegan un papel relevante en la situación de amenaza y violencia, como son sus estrategias, los efectos sobre las víctimas, el escaso apoyo social a las víctimas, el miedo generalizado, etc., y cómo todo ello ha podido permitir un largo proceso de intento de exclusión de los amenazados y víctimas de ETA.

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Agradecimientos

Una versión previa del Estudio 1 fue publicada en la revista Psicothema, 2010, vol. 22, nº 1, pp. 112-117, y una versión previa del Estudio 2 fue publicada en The Spanish Journal of Psychology, 2011, vol. 14, nº1, pp. 172–182.

Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de investigación cofinanciado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y fondos FEDER con el código PSI2010-16098, y con una ayuda de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.
Acerca de los autores

Javier Martin-Peña, Ph.D. Correspondencia: Departamento de Psicología Social. Facultad de Psicología. Campus Mundet. Universidad de Barcelona. Pg. de la Vall d’Hebron, 171 – 08035 – Barcelona. e-mail: javier_martin@ub.edu

Álvaro Rodríguez-Carballeira, Ph.D. Departamento de Psicología Social. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona.

Jordi Escartín, Ph.D. Departamento de Psicología Social. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona.

Clara Porrúa, Departamento de Psicología Social. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona.

Omar Saldaña, Departamento de Psicología Social. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona.

Ana Varela-Rey, Departamento de Psicología Social. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona.